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lunes, 23 de noviembre de 2009

Un recuerdo...


Hace dos años y algunos meses estaba estudiando para dar la prueba global de Introducción al estudio del gobierno y la gestión pública con Thomas Griggs. Esa misma noche que estudiaba a principios de julio de 2007 una ambulancia se llevaba a mi abuelita al hospital San José. 27 días después volvería a mi casa... pero ya para partir 9 días después.

Hoy estoy estudiando para un ramo del mismo profesor, aunque seguramente no estaré hasta la madrugada como esa noche de julio de 2007, pero ella ya no está. Ni está en un hospital. Simplemente quise recordarla. Porque todas las pruebas globales de mi primer semestre de universidad las di pensando en ella y terminaba estudiando, por lo general, en la habitación 504 del hospital San José.

jueves, 28 de mayo de 2009

Piensa que necesita más besos y menos pastillas...



Canción de Els Pets, dedicada a las personas mayores que tan importantes
son en nuestra sociedad y que muchas vecs olvidamos. Debemos recordar 
que siempre llegaremos a esa etapa de nuestra vida y que nuestros seres 
más cercanos también lo harán. ¿Cómo queremos vivir ese periodo?

Dejo la letra en castellano.

Sentada al costado de una cama extraña 
Ella se mira en una caja
 cansada de guardar Fotografías
Las miradas de unos niños que rien, bien aferrados 
A una mujer con una fisionomía que de seguro le es familiar. 

Hacia la tarde cuando abajo van llegando las visitas 
Ella pone la radio fuerte y hace como quien tiene amigas. 
El hijo grande la ayudaba, pero ahora ella no lo siente; 
La hija pequeña, con tanta chiquillería, no tiene tiempo.

Gente mayor, procura no hacer estorbo, 
Tirando con pocas cosas. 
Los reyes le traerán para navidad
Reuma y soledad
Como cada año.

Despertada del sueño 
porque no encuentra en ninguna parte las zapatillas 
Piensa que necesita más besos y menos pastillas. 
En voz alta recuerda cosas y habla con él
Que la escucha desde el valle del río rojo. 

Gente mayor, procura no hacer estorbo, 
Tirando con pocas cosas. 
Los reyes le traerán para navidad
Reuma y soledad
Como cada año.

domingo, 17 de agosto de 2008

La muerte verdadera es el olvido

Ese día había llegado a mi casa como a las 8:30 de la noche, lo recuerdo. En la tarde había tenido una prueba y llegaba a mi casa cansado, aunque no en demasía. Ella estaba en su pieza, con los ojos cerrados, la luz estaba baja y había una extraña sensación en el ambiente. Me había quedado solo en la casa, pues mi padres habían salido, estuve un momento parado en la puerta de su dormitorio y sentí una extraña sensación; sentía como su respiración se hacia cada vez más dificultosa, algo en mi interior me dijo que el final estaba cerca. Ya no se podía seguir aplazando.

Cuando llegaron mis padres notaron lo mismo. Llamamos a un vecina enfermera, que nos acompañó durante todo el desarrollo de los acontecimientos, nos confirmó lo al menos para mi era evidente. Le queda poquito, nos dijo. Nada ganábamos con llamar a una ambulancia y sacarla una vez más, de la casa que la albergó por 37 años, decidimos que lo mejor era que partiera desde su dormitorio.

Las horas pasaban, la agonia (que luego supe que viene del griego y significa "en lucha" luchando por su vida) se extendió por varias horas. En un momento el sueño, y quizás también la angustia, no me dejaron estar durante más tiempo despierto y alrededor de la 1 de la madrugada me fui a acostar. No fue mucho lo que alcancé a dormir, a las 2:45 de la madrugada me despiertan. Se había ido para siempre.

Mi abuelita, ella que no le gustaba que le dijera abuela, que me dejaba todos los días cien pesos en su velador, que compraba las bilz cuando llegaba del pago, que me acompañó durante 18 años de mi vida y que me vio salir del colegio y entrar a la universidad (ella siempre decía que no me vería hacerlo) había partido para siempre.

Lo sucesivo ya es historia. Hace un año que ella no está conmigo; pero durante estos 366 día he aprendido algo sumamente valioso: la muerte verdadera llega con el olvido y la inmortalidad sí es posible mientras alguien nos recuerde. Pensar que nuestros muertos están en el cementerio es querer relegarlos a un lugar lejano y apartado de nuestras vidas; ellos están con nosotros, viven con nosotros, en nuestros pensamientos, en nuestros recuerdos, en nuestros sueños. Se extraña la presencia física, claro que sí, pero la presencia espiritual siempre ha estado presente.

Por eso, en vez de pensar que partió para siempre y no está conmigo, prefiero pensar que ella siempre vive conmigo y me quedo con las últimas palabras que me dijo: "Hoy estoy tan bien, no me duele nada" y cuando llegó a la casa fue un muy sutil "holita nomás".

Saludos