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lunes, 11 de abril de 2011

Construcción de instituciones democráticas en Perú, más que el voto en el extranjero

Estamos de acuerdo en algo. El voto de los ciudadanos en el extranjero es un elemento deseable para la democracia, más aún en un contexto de alta movilidad entre países donde las fronteras son lugares de paso y ya no barreras franqueables solo por algunos pocos ciudadanos. Vivir en otro países en muchos casos es sinónimo de búsqueda de oportunidades, ya sea para una vida mejor lejos de las carencias de los países subdesarrollados del sur o bien para perfeccionarse en algunos ámbitos, bien buscando mejor educación o mayor experiencia laboral, para volver luego al país  En cualquier caso, se trata de una especie de ciudadanía global, en la que los territorios van perdiendo importancia en la medida que la movilidad y las redes se ven fortalecidas.

Las últimas elecciones en Perú alimentaron un debate que hace tiempo se viene dando en Chile. Y no es que solo ahora los peruanos residentes en el extranjero hayan podido elegir al presidente, al congreso y a los miembros peruanos en el parlamento andino. Lo pueden hacer desde hace tiempo y su participación es relevante pues los 700 mil electores que no residen en Perú pueden definir una elección fácilmente.

Y ahora en Chile llueven las loas a la democracia peruana por permitir a sus residentes votar en el extranjero, sobretodo de la oposición que aprovecha la instancia para criticar la propuesta del gobierno que pondría ciertas condiciones para que los chilenos que viven fuera del país puedan votar. No es mi idea apoyar o rechazar la reforma que Sebastián Piñera ha planteado.

Pero entre las alabanzas a la democracia peruana se olvidan de las débiles instituciones del sistema político que quedan de manifiesto en la casi inexistencia de partidos políticos capaces de reflejar el orden social peruano, el surgimiento de caudillos modernos que aglutinan tras de sí las preferencias de electores que no ven representación en los movimientos políticos: Alberto Fujimori es una muestra de ello y los resabios de su gobierno casi dictatorial hoy se alinean tras la imagen de su hija, que muchos pintan como la continuidad de un gobierno terminado violentamente.

El APRA es el único partido político tradicional del Perú, relativamente institucionalizado y con una escasa disciplina. Pero hoy se ve reducido a un escaso 6,5% de las preferencias y a no más de 6 escaños en el congreso peruano.

Si usamos como medida para la estabilidad democrática la que usa Mainwaring, diciendo que son democracias estables las que por más de 25 años son capaces de garantizar ciertas libertades civiles y derechos políticos, Perú no calza. La pseduo dictadura de Alberto Fujimori terminó hace poco más de 10 años y entre Alejandro Toledo y Alán García se ha intentado fortalecer una democracia endeble gracias a un modelo de crecimiento que ha dado sus frutos y que, en lo grueso, no es amenazado por ninguno de los candidatos que se presentaron a la elección de ayer. Lo que está en discusión son las consecuencias muy conocidas de la apertura liberal de la economía: desigualdad y chorreo. Y de eso hoy los peruanos se dieron cuenta. No basta el chorreo, dijeron, para combatir las altas tasas de desigualdad y las precarias condiciones de vida de millones de personas en el altiplano y en el norte selvático.

Yo también alabo la democracia peruana, pero no porque sus residentes voten en el extranjero, sino porque la elección de 2001, 2006 y 2011 han sido competitivas, transparentes y libres y nadie pone en duda el resultado que han arrojado, independiente de los innecesarios calificativos que motejan las decisiones que soberanamente toma el pueblo peruano. Pero antes de ver eso, hago un ejercicio previo: reconocer las falencias, las debilidades que para la gobernabilidad democrática trae la alta fragmentación del congreso y la indisciplina partidaria. Reflejos ciertos de la debilidad institucional.

Y sabido es que la existencia de partidos políticos estables y disciplinados sí es una condición necesaria para una democracia efectiva, mucho más que el voto de los ciudadanos en el extranjero, que en un contexto de debilidad institucional generalizada puede no ser más que un bonito tinte democrático, tal como pueden serlo las elecciones que los dictadores convocan con el falso afán de legitimar su acción política en la conducción del Estado.

Perú avanza a paso seguro en la construcción de sus propias instituciones democráticas. Ollanta Humala, al que muchos han demonizado, hoy es parte de esta arena democrática que nadie pone en duda, pero que requiere de perfeccionamientos profundos. Perú no es Venezuela. Su contexto económico de para pensar que, guardando las proporciones, se parece más al Brasil que recibió Lula con un sistema de partidos tan o más indisciplinado que el peruano, que a la Venezuela en crisis que vio surgir al Chávez boliviariano.

Esperar que el mismo proceso político de Venezuela se repita en Perú con Ollanta Humala solo refleja el desconocimiento de la historia política de Venezuela y la ignorancia respecto al proceso político boliviano, que tantos comparaban con el chavismo, pero que ha sabido desmarcarse para dar respuesta a la demandas de la sociedad multicultural boliviana.

El análisis en muchas personas se queda corto. Alaban la democracia por un elemento que, sin dejar de ser importante, es accesorio en la medida que lo principal flaquee. Es positivo el voto en el extranjero, pero de ahí a señalar que eso hace a la democracia peruana más avanzada es reduccionista y, peor aún, es vendarse un ojo para destacar lo que nos conviene –si nos gusta el voto en el extranjero- pero ignorar otros elementos tan importantes para el funcionamiento adecuado de la democracia.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Los tiempos han cambiado

Los tiempos han cambiado, hoy el contexto internacional es diferente al de 20 años atrás cuando caía el muro de Berlin y radicalmente diferente a lo que había hace 50, 70 o 100 años atrás. Hemos vivido un siglo de cambios vertiginosos y hoy el futuro no parece menos lento, muy por el contrario, se tiende a presentar más complejo, como una vorágine de acontecimiento, desafíos y problemas que, frente a nosotros, aquejan a las personas y presionan a los gobiernos por encontrarles solución.

El conflicto con Perú parece una escalada de hechos que nos llevan indefectiblemente a un deterioro progresivo de las relaciones con el vecino del norte, mucho esperan una guerra, algo así como una "parada de carros" de Chile a las "insolencias" de Perú. Creo que mantener al embajador en Santiago es una señal suficiente de molestia por el término "republiqueta" usado por Alan García para referirse a Chile.

Entre estos dos hechos me parece que ninguno de los dos Estados -aunque más Chile que Perú- ha descubierto que el mundo y, en especial, América Latina, tienen problemas muy profundos que van más allá que el pedazo más o menos de tierra, que el pedazo más o menos de mar.

Los problemas que afectan hoy al mundo han trascendido nuestras fronteras y una de las herramientas para su solución radica en la cooperación entre Estados y, más aún, de países vecinos. La actuación de Perú parece ir en otra dirección y la de muchos chilenos también lo pareciera. Probablemente, sea cual fuere el fallo en La Haya, las relaciones con Perú se verán irremediablemente dañadas y se perderá la oportunidad de solucionar muchos problemas de forma conjunta: la migración, el comercio en el norte entre Arica y Tacna, temas de cooperación minera, pesquera y comercial, entre varios otros, sin duda, beneficiosos para ambos países. Todo por poner por delante una demanda nacionalista que va en contra de los objetivos que muchos queremos para América Latina: menos pobreza, más igualdad y equidad y más desarrollo.

El caso de espionaje es coyuntural y la historia tampoco es justificación para evitar el dialogo y la cooperación entre los países. Es válido, también, desestimar cualquier declaración belicista que atente contra la paz de nuestros pueblos en cualquier lugar de América Latina.

En la declaración que hoy hizo Alan García en Perú, declaraba que había una "sana y fraternal competencia entre todos los pueblos" (http://www.rpp.com.pe/2009-11-16-presidente-garcia-solo-el-que-se-siente-menos-espia-noticia_222896.html) ante eso es evidente, hay temas en los cuales no se puede competir y se debe trabajar unido e indudablemente así lograremos que América Latina sea un continente desarrollado en menos tiempo y venzamos los flagelos que aquejan a la región.

Los tiempos han cambiado y ya no estamos en los años en que frente a agresiones mínimas se tomaban las armas cual señores feudales defendiendo sus tierras amenazadas. Hay que buscar la paz, el dialogo y la cooperación y, a partir de ahí, podremos encontrar el camino hacia la integración y el desarrollo.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Las armas en tiempos de paz.

No soy entendido en el tema de las relaciones internacionales, no es tampoco un tema que me llame la atención, por tanto, lo que escribiré ahora se limita sólo a una opinión que me he formado viendo las últimas cosas que han salido respecto a la, a mi juicio, ya supuesta y superada renovación de las armas de las FFAA chilenas.

Debo confesar que el argumento me tiene aburrido y que lo pongo en duda, sobretodo ahora que veo que Chile va a comprar misiles no sé cuánto a Estados Unidos por varios cientos de millones de dólares para los F-16 y radares y varios artilugios más para las fuerzas armadas. Ya tanta compra en tiempos de paz, francamente, no me suena a renovación y más me suena a armamentismo o, dicho de manera más sutil, a una "sobre compra" de armas por parte de Chile sin un fin concreto.

Podría apostar que de esos cientos de millones de dólares que se gastarán en misiles, varias decenas se detonarán en el desierto en algún venidero ejercicio salitre III, IV, V... y todos los que vengan. Otros tantos quedarán guardados para siempre en hangares de la FACH, llenándose de polvo y en muchos años más serán desechados y se gastarán cientos de millones más en renovar ese material obsoleto, solo para que la historia se vuelva a repetir. ¡Qué gasto más inútil!

Creo que hay cosas que se justifican, la renovación de aviones o de barcos, los cuales, probablemente, nunca tengan un uso bélico y solo sirvan para mostrarlos en la parada militar o en los ejercicios militares. Sin embargo, hay una línea entre renovación y "paz armada". El contexto internacional y mundial no se presta para una guerra, menos entre países latinoamericanos con una serie de problemas sociales que son mucho más prioritarios que el pedazito de tierra más o menos que alguien amenaza... si es qué alguien lo amenaza.

Es cierto, concuerdo en que las fuerzas armadas deben estar preparadas, porque los contextos internacionales son siempre cambiantes, pero en un momento donde las relaciones con Argentina pasan por un momento excelente con un tratado de integración muy promisorio, con Bolivia hay una agenda importante de temas bilaterales y con Perú las relaciones están deterioradas pero nunca al punto de llegar a una guerra... creo que resulta francamente innecesario aumentar la capacidad bélica de las fuerzas armadas. A veces hay cosas más importantes, como la preparación para enfrentar desastres naturales y ayudar a la población civil o cooperar en misiones de paz en algún otro país. ¿Guerra? Solo en la mente de algunos pocos paranoicos que critican a los peruanos pero caen en sus mismas falacias belicistas anacrónicas.

Espero que la derogación de la ley reservada del cobre y el uso de planes plurianuales para la compra de armas sirva para detener el enorme e inútil derroche de dinero que se hace y que la adquicisión de material bélico se haga más de acuerdo al contexto en el que vivimos y en el que deseamos vivir. Negociar con el garrote en la mesa nunca ha sido una negociación... es más una imposición de fuerzas y estamos en los tiempos en que el dialogo y la diplomacia debe resolver los conflictos que se den entre los países.

Una guerra, sobretodo para países como los nuestros, tiene enormes costos para los pueblos latinoamericanos. Tenemos que ser inteligentes y, como dijo Juan XXIII en su enciclica Pacem in terris buscar los que nos une, y no lo que nos separa. Solo así podremos algún día ver una latinoamérica integrada. Ver el sueño de UNASUR concretado.