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domingo, 16 de agosto de 2009

Manuel Zelaya, derrocado por un golpe de Estado

El día jueves de la semana pasada -13 de agosto- Manuel Zelaya se reunión con estadiantes de la Universidad de Chile en el aula magna de la Facultad de Economía y Negocios.


Creo que siempre es bueno ir puntualizando posiciones respecto a lo que sucede. Particularmente en Honduras donde hay que separar aguas en torno a dos temas que son muy delicados. Por un lado está la actuación de la derecha hondureña en conjunto con los altos mandos militares en lo que fue innegablemente un golpe de Estado a un gobierno constitucional y legítimo. Pero al otro lado se haya la gestión del presidente Zelaya mientras estuvo en el poder, lo cual es un tema que se debe analizar desde otra óptica, fundamentalmente porque podemos o no estar de acuerdo con la presidencia de Manuel Zelaya y la forma en cómo él hizo y pretendía hacer las cosas, pero el golpe de Estado es un hecho que trasciende a un gobierno y a una persona, es un acto que socava la democracia y rompe la política. Es el fin del Estado hobbesiano y la destrucción de las instituciones constituidas de forma legítima. Cuando se usa la fuerza para resolver los conflictos políticos llegamos al fin del Estado y de la política como medios válidos y legítimos para organizar la sociedad.

En Chile la historia es conocida, sabemos perfectame lo que implica un golpe de Estado y, más allá del apoyo que podía tener Salvador Allende, las fuerzas armadas no son nunca las llamadas a resolver los problemas políticos que aparecen en una sociedad. 17 años de dictadura y miles de personas muertas, desaparecidas o exiliadas del país. Y eso es solo una muestra, latinoamérica vivió bajo el yugo de las dictaduras militares durante años y no es eso lo que pensamos ni lo que queremos para el futuro.

Dictaduras de cualquier tipo son igual de nefastas. Al final, terminan por coartar la libertad de la persona humana para elegir el destino que prefiera dentro de un marco de respeto por la libertad del otro. El Estado de derecho.

Para quienes creemos que la democracia es la mejor -o la menos mala- forma de gobierno a la que puede aspirar el ser humano para la organización en sociedad, el camino correcto es profundizar los postulados democráticos dentro de las posibilidades que entrega la sociedad globalizada. Las actuaciones de Hugo Chávez en Venezuela atentan directamente contra eso, pues si bien contra Chávez no se puede aducir el hecho de haber llegado por la fuerza al poder, si se puede decir que ha atentado contra la oposición y contra la posibilidad de ésta por llegar también al poder. La democracia supone eso, la idea de la alternancia posible. Esos son los caminos negativos que llevan a que la democracia y la participación se debiliten en algunos países de nuestra región. La época de los caudillos quedó atrás. Es hora de los ciudadanos... porque siento que es anacrónico hablar "del pueblo".

En última instancia la idea de Zelaya de la cuarta urna es buena y lógica. Consultarle a las personas sobre lo que desea para los grandes temas del país es profundizar la democracia y legitimar aún más los planes y programas de un gobierno. Por tanto, es absolutamente innegable la actuación de élites que han vieron amenazados sus intereses por las ideas de Zelaya.

Finalmente, creo que es válido cuestionar nuestros sistemas políticos altamente jerarquizados y personalizados en una sola institución: el presidente de la república. Avanzar hacia sistemas semipresidenciales o parlamentarios es un camino altamente plausible para alcanzar mayores nivels de democracia y nuevas formas de canalizar los conflictos políticos entre los poderes del Estado, los cuales al final -de surgir- son resueltos por la misma ciudadanía respaldando o rechazando a al gobierno que cae. Parafraseando a un profesor: "en lso regímenes parlamentarios un gobierno cae y nadie se muere ni nadie llora".

domingo, 28 de junio de 2009

Democracias no maduras

Hoy hemos visto como la historia parece haber vuelto sobre sus pasos y un hecho del todo repudiable ha afectado a Honduras. Un grupo de militares ha depuesto al presidente constitucional Manuel Zelaya y hace algunas horas el presidente del parlamente unicameral hondureño ha jurado como "Presidente interino" hasta las próximas elecciones generales de noviembre.

Quisiera hacer algunas reflexiones respecto a este -a mi juicio- anacrónico escenario.

En primer lugar, el presidente Zelaya llamaría a un consulta popular no vinculante con miras a realizar un referéndum para cambiar la constitución de modo que su reelección fuera permitida. En ese sentido, no me parece algo que terrible, sin embargo, es condenable cuando en caso que las verdaderas intenciones de Zelaya hayan sido perpetuarse en el poder. La democracia supone la posibilidad -sí, al menos la posibilidad, no es que siempre tengan que cambiarlos gobiernos como dice la derecha chilena- de alternancia en el poder. Luego, me cabe la duda respecto a las reales intenciones del ahora depuesto presidente. No obstante, ningún tipo de acción, por contraria que parezca al ordenamiento jurídico de un país, justifica la acción de los militares. Las fuerzas armadas no son garantes de la democracia, como se lo han hecho creer a muchas personas durante mucho tiempo. Esto me lleva a un segundo punto.

América Latina es políticamente una región muy variada. Hay países con democracias consolidades como Chile, Uruguay y Costa Rica; y otros con democracias un tanto más débiles, como Bolivia y, como lo hemos visto hoy, Honduras. Democracias que no han madurado lo suficiente, en las que no existen los mecanismos adecuados para solucionar los conflictos políticos cuando aparecen, pues independientemente del sustento jurídico, en Honduras hace días se venía gestando una crisis política a raiz de un conflicto político. En esos contextos de democracias poco desarrolladas, donde al parecer existe poca práctica política, se genera un caldo de cultivo para que surgan caudillos y se produzcan este tipo de situaciones que atentan contra la democracia: por un lado un presidente con dudosas intenciones de gobierno -le doy el beneficio de la duda, quizás en realidad el hombre solo quería aumentar la participación popular en el gobierno y eso ofusco a los caudillos de la derecha hondureña-; y por otra parte, un ejército entrometido en los asuntos que son por definición de carácter civil y político, arena donde las fuerzas armadas no deben participan.

Leia sobre el nuevo presidente "interino" de Honduras y decía que era un hombre que había intentado llegar varias veces a la presidencia, pero que había abandonado los comicios internos del partido y que cuando se presento fue derrotado. Y claro, ahora llega de forma ilegítima al poder.

Finalmente, vale la pena pensar en la forma cómo nuestros pueblos resuelven este tipo de problemas políticos, vale pensar si acaso es solo un caso aislado o lo que ocurre en Honduras y Venezuela son solo señales de lo poco desarrollada que está la democracia en nuestro continente, tan poco que da lugar a este tipo de explosiones autoritarias que atentan con los ya frágiles y poco sustentados regímenes democráticos.

En estos escenarios, la ciudadanía tendría que ser quien decida y no las fuerzas armadas de manera unilateral decidir por el pueblo. Quedan todavía muy arraigadas en algunos países prácticas anticuadas y anacrónicas de élites que guardan el poder para sí como lo han hecho durante años. Señal, claro está, inequívoca de nuestras democracias no maduras.

Si, es un golpe de Estado troglodita, como dijo Hugo Chávez, pero cuidado... porque amenzar con intervenciones militares en otro país lo es aún más, es caer en lo que tanto critica el mismo Chávez con las mismas ideas de lo que él llama "el imperio".

Pablo Valenzuela G.
Estudiantes Administración Pública.
U. de Chile