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domingo, 3 de octubre de 2010

Crisis del sistema de Partidos en Chile: Síntomas en el Partido Radical

El diagnóstico actual sobre problemas de orgánica, gestión administrativa, financiamiento y trabajo territorial, es transversal a todos los partidos políticos que componen el sistema de partidos chileno. Razón que explica en gran medida la crisis que experimenta este sistema, aunque no solamente es una de sus causas, sino también su efecto, pues un sistema de partidos agotado conduce inevitablemente a un agotamiento de las estructuras y las formas de hacer gestión política a nivel de subsistemas. Sin embargo, esta situación de agotamiento se agudiza mucho más en el caso del Partido Radical.

En primer lugar, su poca capacidad de chantaje dentro de la concertación, debido a su escasa representación parlamentaria, le ha significado a los radicales ser desoídos y neutralizados por sus pares de coalición, siendo un ejemplo de ello la preeminencia que se le dio a la candidatura del DC Eduardo Frei en las pasadas elecciones presidenciales, aun contra las ventajas del presidente del PR, José Antonio Gómez, cuya imagen podía ser mucho más potenciada que la del poco popular Frei. Quizás habría bastado una buena campaña de difusión y la concertación hoy celebraría un nuevo presidente, evitándose el lloro y el crujir de dientes que sobrevino luego del triunfo de Piñera.

Triste es para la democracia y para el pluralismo que su esencia defiende que, bajo las reglas del juego del sistema binominal, los espacios y la significancia de los partidos políticos sean determinados en función de la representación parlamentaria que éstos consigan, pues bajo un sistema electoral que obliga la formación de alianzas, pactos y consensos para la sobrevivencia, claramente los grandes se harán más grandes y los chicos más chicos. Esta, la vileza más grande del sistema electoral chileno, no puede sino ser un eje a combatir por parte de los partidos políticos, antes que una pauta de acción que reproduzca en el sistema político sus injusticias. En esta orientación, lo que primero debiese hacerse es pensar una política de coalición estratégica, que considere además del peso electoral de cada partido político, las ventajas competitivas que éstos también poseen, es decir, pensar en lo que el partido puede ofrecer en términos de imagen, figuras, programa, empatía social, apreciación ciudadana, etc. Así, y mientras no se reemplace el “Vilnominal”, probablemente el partido radical podría fortalecerse ocupando los espacios que pudiera abrirse en función de sus ventajas.

En segundo lugar, el Partido Radical no dedica esfuerzos a formar políticamente a sus militantes. Así lo demuestran estudios sociológicos, como el señalado en el libro “Trayectoria y eficacia política de los militantes de las juventudes políticas” de Vicente Espinoza y Sebastián Madrid, donde se demuestra que el PR es, de todos los partidos políticos chilenos, el que destina menos horas a la formación política de sus jóvenes. Este flagelo ha dado origen a una de las problemáticas más graves para el radicalismo: la inexistencia de líderes con el perfil idóneo y con las competencias necesarias para llevar a los procesos electorales. Como resultado, el partido ha tenido que reclutar a políticos que abandonan otros partidos, o bien rostros televisivos que muchas veces poco o nada saben de su doctrina. Por la misma carencia de líderes con manejo político es que muchas veces los radicales nos avergonzamos cuando en determinadas localidades nuestro padrón indica –por ejemplo- que tenemos 20 militantes, y el candidato del partido saca inexplicablemente 3 votos. Esa misma carencia es la que hoy nos lleva a reflexionar sobre la tesis que plantea la desaparición del partido de aquí a 2 períodos electorales más, porque no hay sucesores para los actuales alcaldes, diputados y senadores.

Ahora bien, hay que pensar que para lograr un efectivo programa de formación política se requieren especialistas en la materia, recurso que en el PR es más escaso que en otros partidos, y además, se necesita financiamiento, otro recurso escaso si pensamos que la política de financiación de los partidos políticos actualmente se sujeta a la cuota que voluntariamente entregan sus militantes, y cuyo ingreso principal lo constituye el aporte de los parlamentarios electos. Si bien esto no justifica la despreocupación del PR por formar a sus jóvenes, pues debiese ser una prioridad en su gasto presupuestario, es sin embargo, una situación que alimenta el argumento de que los partidos políticos debieran contar con financiamiento estatal.

En síntesis, el Partido Radical es, de todos los partidos de la concertación, el más afectado por la crisis del sistema de partidos. La mala gestión de su dirigencia, la insuficiencia de su trabajo programático, la escasa participación de sus bases, sus problemas de orgánica y su desorden interno, no son más que síntomas profundizados por una enfermedad llamada “nimiedad político-electoral”, cuyo agente trasmisor no es otro que el perverso binominal.

viernes, 20 de agosto de 2010

Reformas políticas para profundizar la democracia y la descentralización

Durante los últimos 20 años Chile ha avanzado de manera importante en la consolidación de las instituciones democráticas que surgieron a raíz de los acuerdos políticos que se dieron, en un primer momento, con la junta militar en el ocaso de la dictadura de Pinochet y luego con la derecha en la arena del congreso. Las formas más autoritarias heredadas de la Constitución de 1980 fueron desterradas en la última gran reforma a la carta fundamental el año 2005, sin embargo, resulta insuficiente.

Primero que todo, hay que mencionar legítimas aprensiones que se puedan tener frente al origen de la Constitución de 1980, lo que ya de por sí le resta un carácter democrático al no haber nacido a través de una asamblea constituyente que agrupara a las diferentes fuerzas e intereses sociales para la creación de un pacto político y social que se viera plasmado en una Constitución representativa. Por tanto, debo partir planteando la necesidad de crear una nueva constitución, redactada en democracia y con la participación de la sociedad toda. No obstante, es necesario antes generar ciertos mecanismos de participación y de articulación de la sociedad civil para dar garantías que la redacción de una nueva constitución no sea cooptada por grupos de interés que si estén organizados pero que no sean representativos de la sociedad chilena.

Ahora bien, es necesario también mencionar ciertos temas normativos que, independientemente se cambie la Constitución, deberían entrar en un debate respecto de reformas políticas necesarias para Chile en función de perfeccionar la calidad de nuestra democracia.

Algo esencial sería definir el rol de los intendentes en las regiones. Actualmente la ley los define como representantes del presidente la República en la región, lo cual refleja el carácter vertical del poder en Chile, desde las cúpulas y las élites, hasta las personas, manteniendo la idea de gobierno fuertes y más bien centralizados, que dieron origen al Estado chileno. El Intendente se debería convertir en representante de la región frente al poder central y jefe del gobierno regional, así, Las Secretarías Regionales Ministeriales se convierten en representantes del gobierno central en las regiones, participan del gobierno regional a modo de ministerios, procuran la coordinación de políticas centrales y regionales, pero bajo el alero de la autoridad política de la región: El intendente, elegido a través de la votación universal de los ciudadanos de la región, al igual que el CORE que puede actuar a modo de congreso regional.

En segundo lugar, es necesario modificar el sistema electoral de diputados y senadores, ampliando la proporcionalidad del sistema. Así, se debería aumentar la cantidad de diputados por distrito, algunas propuestas indican que los distritos más pequeños podrían mantener dos diputados y los más grandes elegir seis u ocho representantes (Ver: Fontaine (2009) Reforma al Sistema Electoral Chileno) para evitar eventuales fragmentaciones excesivas del sistema de partidos en un contexto altamente proporcional y así mantener la gobernabilidad del sistema político.

En el caso de los senadores, personalmente soy partidario de disolver la cámara alta, pues su utilidad es bastante baja en un país que no es ni federal ni tiene una monarquía constitucional, donde según la literatura sí se justifica la existencia de dos cámaras. En Chile se mantiene por el arrastre histórico de una institución copiada del presidencialismo norteamericano, pero como ya he mencionado, en Los Estados Unidos sí se justifica.

En tercer lugar y donde creo viene uno de los aspectos centrales de las reformas necesarias, avanzar hacia el debilitamiento del régimen presidencialista es necesario para reducir la centralización del poder en la figura presidencial. Ciertamente, instaurar un sistema parlamentario de un día para otro puede resultar contraproducente, en la medida que nuestra democracia no tiene la evolución político-histórica de las repúblicas parlamentarios europeas. Así, se podría avanzar hacia un sistema semipresidencial como el francés, en el que la figura de jefe de Estado y jefe de Gobierno se encuentran en personas diferentes que también tienen competencias distintas. El jefe de Estado: el presidente del República, y el jefe de gobierno: El Primer ministro, elegido desde el parlamento.

Es un hecho que se deberían discutir las competencias de cada una de las figuras; los periodos de elecciones parlamentarias y presidenciales y la forma de regular la cohabitación cuando presidente y primer ministro son de partidos diferentes, de modo que se asegure la gobernabilidad en esos momentos o se busquen salidas políticas a los eventuales conflictos que se pueden presentar.

Finalmente, se debe tener en cuenta que se deben aplicar reformas de manera integral y el cambio al binominal es una condición sine qua non para que un nuevo sistema funcione adecuadamente, ya que actúa como camisa de fuerza al sistema de partidos, obligándolos a conformarse en un bicoalisionismo que se rige más por asuntos pragmáticos y de sobrevivencia electoral, que un sistema multipartidista moderado con posiciones programáticas e ideológicas más marcadas entre los actores políticos. El punto central es profundizar la democracia y no consolidar una democracia representativa que, a la larga, puede resultar muy deficiente.

domingo, 21 de marzo de 2010

Entre una alianza electoral y una coalición política (O de la alianza por Chile a la Coalición por el cambio)

Cuando en 1958 Jorge Alessandri gana la presidencia de la República lo hizo apoyado por liberales y conservadores, obtuvo el 31,56% de los votos -una cifra algo mayor a la obtenida por los partidos que lo apoyaban-. Resulta llamativo la similitud que podemos encontrar entre sucesos ocurridos durante la candidatura o presidencia de Alessandri y algunas cosas que hemos visto durante la campaña presidencial y los pocos días que lleva el nuevo gobierno de Piñera instalado en La Moneda.

Entre estos hechos podemos encontrar la característica técnica del gobierno de Alessandri, mismo sello que quiere dar Piñera. El 14 de septiembre de 1958, día siguiente de la elección, El Mercurio señalaba que el triunfo de Alessandri marcaba un hito en la historia política chilena, pues por primera vez desde la vigencia de la Constitución de 1925 el criterio técnico desplazaría los criterios partidistas del gobierno del país (Correa, 2005). Y fue así, pues Jorge Alessandri, quien si bien estaba profundamente ligado al mundo empresarial a través de la SOFOFA, la Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones (CMPC) y otras empresas, tenía también una importante carrera política, habiendo sido Senador y Ministro. Correa (2005) señala que el solo hecho de pertenecer al clan Alessandri lo situó en el centro de la esfera política durante gran parte del siglo XX. Pese a esto, Jorge Alessandri tomó a mucho de sus ministros del sector privado, la oposición lo llamaría "la revolución de los gerentes" o el "gobierno de los gerentes".

Es parecido a lo que sucede ahora ¿verdad?. Sebastian Piñera tiene una carrera política importante, ha sido Senador y además presidente de su partido, no obstante, salvo caso puntuales, muchos de sus ministros y subsecretarios no han tenido una participación política activa en los últimos 20 años, lo cual ha causado importantes molestias en los partidos políticos y también los movimientos que apoyaron la campaña de Sebastián Piñera.

Los partidos políticos son fundamentales para el desarrollo de la vida en democracia y, en su dimensión electoral cumplen el importante rol de movilizar electores e influenciarlos para optar por un determinado candidato y, una vez que pasadas las elecciones, los partidos ocuparán los puestos políticos del gobierno, de alguna forma, como retribución al trabajo hecho durante la campaña electoral. Los partidos tienen "vocación de poder estatal para llevar a cabo aspiraciones ideológicas" Por tanto no es malo que los cargos políticos sean ocupados por miembros de los partidos ganadores, claro, siempre que esta instalación partidaria en el gobierno no implique una captura de la administración pública y de los cargos burocráticos y técnicos, el spoil system.

Es aquí donde surge el quiebre en la forma que tiene la derecha chilena para hacer coalición y la forma de asegurar gobernabilidad. El gobierno de Alessandri se apoyó en el empresariado, al punto que los partidos no estuvieron representados en su primer gabinete, pese a lo cual liberales y conservadores lo apoyaban en el congreso y recibía cierta colaboración de los radicales (Correa, 2005) Sin embargo, hacia la segunda mitad de 1960 se empezó a notar cierto desgaste el equipo de gerentes que encabezaba los ministerios, los partidos hacían sentir su molestia por la exclusión que sufrían y la movilización social que se estaba generando obligó al presidente a hacer coalición con los radicales -que en ese momento ocupaban el centro político- los liberales y los conservadores, de manera de poder llevar a cabo proyectos que calmaran la agitación social. El proyecto capitalista que estaban llevando a cabo "los ministros gerentes" se fue poco a poco desdibujando y hacia finales de 1961 los partidos políticos de la nueva coalición entran al gabinete. El experimento "técnico" no había funcionado.

Con Sebastián Piñera se está dando algo similar y si bien los partidos de la alianza por Chile tienen representación en el gabinete, éste sigue siendo eminentemente técnico y la coalición por el cambio, que fue el conglomerado amplio que llevó a Sebastian Piñera al poder, no tiene representación. Al parecer, en la derecha chilena existe la costumbre de formar alianzas electorales pero no necesariamente coaliciones políticas que representen proyectos de largo aliento. Algo así como "ganar con los partidos, gobernar sin ellos".

Hoy en el cuerpo de reportajes de El Mercurio el Senador Carlos Cantero señala que "Hay personas como Fernando Flores, Jorge Schaulson, Waldo Mora. Todos ellos no son de derecha. Los que le dieron el triunfo a la coalición no fueron de derecha". Puede que sea discutible el hecho que fue gracias a Chile Primero o los movimientos humanistas cristianos y norte grande Piñera haya logrado la victoria, no obstante, el punto central es que para que una coalición electoral trascienda en el tiempo se debe convertir en coalición política, es decir, ir más allá de las elecciones.

En regímenes parlamentarios y dependiendo del sistema de partidos que haya las alianzas electorales no se dan, los partidos compiten solos y dependiendo de la cantidad de escaños que obtengan en el parlamento se hacen las negociaciones con otros partidos para "hacer gobierno" de modo formar una coalición que entregue gobernabilidad al país. De esa forma en Alemania tenemos un periodo en que la CDU gobernó con la socialdemocracia y en otro con los liberales, sin embargo, la coalición se forma una vez que los resultados de la elección son sabidos. Con Piñera parece que está ocurriendo lo contrario.

Probablemente todavía no ocurra una presión excesiva de parte de los partidos al gobierno por tener mayor representación en el ejecutivo, pese a que ya se han notado varias señales de molestia por parte de la UDI y de otro movimientos políticos. La coalición por el cambio debe convertirse en una coalición política si quiere intentar asegurar un segundo periodo presidencial. En democracia... se gobierna con los partidos, aunque no nos gusten, son la mejor manera de asegurar gobernabilidad y no convertir al congreso en un buzón de la tecnocracia en que los proyectos de gobierno sean aprobados casi por inercia por parte de las bancadas oficialistas.

Referencias:

Correa Sutil, Sofia. Con las riendas del poder: La derecha chilena en el siglo XX. Editorial Sudamericana, Santiago de Chile 2005.

jueves, 18 de febrero de 2010

Divide et impera

Julio César, en los albores del imperio romano, mencionó esta frase que en mucho aspectos sigue siendo aplicada hasta hoy. La división de fuerzas casi siempre termina haciendo un daño profundo y deriva en que los adversarios o enemigos -depende del caso- obtengan la victoria. Bien lo sabe la concertación, la división en las últimas elecciones municipales hizo mella del conglomerado -aún- oficialista. Pero más notorio más notorio fue la división que ocurrió en la primera vuelta de la elección presidencial, con tres candidatos identificados con la centro izquierda y solo uno con la centro derecha y aunque no es la única causa de la derrota de la concertación, sí puede ser considerado, al menos, un factor que ayudó a que se perdiera el poder.

La particularidad de lo que sucedió en 2008 y 2009 es que la fuerzas que dividieron a la concertación vinieron desde el interior de la misma sin ningún -o casi ningún, talvez- elementos externos que llevara a los quiebres que se produjeron.

Hoy, con Sebastián Piñera como presidente electo y en plena conformación de los equipos ministeriales que se harán cargo de cada cartera ha estado en la palestra el llamado que desde la coalición por el cambio se ha hecho a personas de la concertación. El primero de ellos, para el ministerio de defensa, fue Jaime Ravinet y mañana, cuando se anuncien los subsecretarios, se dice que habrá más nombres que vienen del oficialismo: Blas Tomic, ex presidente del directorio de Metro S.A en la subsecretaría de transporte (bio bio). Gonzalo García, actual subsecretario de guerra y militante de la DC podría mantenerse en su cargo bajo la nueva administración (Emol).

¿Qué lectura nos merece esto? Para mi, personalmente, tiene dos lecturas. La primera es la oficial de Sebastián Piñera, aquella que se sustenta en un gobierno de unidad nacional, donde los mejores ocupen los altos cargos de la administración pública y, claro, esas personas de excelencia y comprometidas con el servicio público no solo se hallan en la coalición por el cambio, si no que también en las filas concertacionistas. No es un acto poco amistoso, sino todo lo contrario, como un reconocimiento a las cualidades y a la vocación de servicio público y también como un gesto del espíritu de unidad nacional que va a inspirar a nuestro gobierno, dijo ayer Piñera al anunciar que mañana se darían a conocer los nombres de los jefes de cada subsecretaría.

Pero la otra lectura que yo hago y que, incluso, me parece más plausible que la anterior es la idea de dividir a una concertación que aún está en ruinas lamiendo sus heridas y asegurar que, para el 2014 e incluso para el 2012, la base política de la próxima oposición se vea disminuida y sea mucho más complejo volver a ganar el poder. El tema es bastante sencillo -y maquiavélico, por lo demás- sacar personas de la concertación para generar conflictos entre los partidos, más que por el hecho en si mismo, por el simbolismo que representa un ministro o un subsecretario del actual oficialismo pase nuevamente a ser gobierno pero con la coalición que hoy es oposición. Además, con personas que vayan más allá del ámbito de la coalición por el cambio es posible, justamente, ampliar la base política de un gobierno que, en el congreso, tiene minoría.

La primera señal clara de esto fue el pacto, echado por tierra, entre la derecha, el PRI y el partido radical, que dejaba -y de hecho, dejó- sin posibilidad a la concertación para presidir la cámara baja en el próximo periodo y, además, le dio la mayoría absoluta a la coalición por el cambio al sumar a los diputados del PRI.

La DC, un partido tradicionalmente pendular en la política chilena, probablemente tenga un sector importante que desee volver al centro y pactar con el gobierno de Piñera. Esto lo saben bien en la coalición por el cambio y, por eso, no es coincidencia que en una cartera tan importante como defensa haya un ex DC o que los subsecretarios uno ser militante de la DC y el otro hijo de unos los próceres de la DC y cercano al PPD.

El gobierno de Piñera tiene la misión de construirse una base política solo un poco más amplia que permita darle gobernabilidad al gobierno y el país, aprobando leyes claves para que el programa de Sebastián Piñera pueda concretarse y, de esa forma, cimentar el camino para que en 2014 sea mucho más sencillo levantar una candidatura oficialista por parte de la coalición por el cambio que, a esas alturas, debería cambiar de nombre.

Piñera lo sabe y sus más cercanos también. Dividiendo a la concertación y acercándose a la DC y quizás al PPD podrá gobernar con éxito. Divide et impera, podría ser la consigna para esta serie de designaciones a los más altos cargos de la administración del Estado.

viernes, 25 de diciembre de 2009

La profundización democrática en un contexto partidocrático

Los partidos políticos son siempre fundamentales para el funcionamiento de una democracia, ya sea porque proponen a los candidatos, porque mueven a los electores y, en definitiva, terminan generando toda la competencia electoral propia de la democracia representantiva, en la que los ciudadanos en su dimensión electoral terminan entregando las preferencias a uno u otro partido. Sin embargo, los partidos requieren de una institucionalidad que asegure su funcionamiento democrático al interior de la sociedad.

En Chile, si bien tenemos una democracia relativamente consolidada, aún existen enclaves autoritarios o poco democráticos que han impedido un mayor desarrollo de nuestra democracia. Entre los problemas se encuentra el funcionamiento de los partidos de la concertación en este último periodo electoral. Podríamos señalar algunos otros, como el sistema electoral binominal, la designación de intendentes como jefes regionales y quizás más, pero me gustaría centrarme en el funcionamiento de los partidos políticos e indicar el problema estructural que reside tras estos vicios, evitables con instituciones adecuadas.

La elección de Eduardo Frei como candidato presidencial de la concertación es uno de los sintomas que indican como la concertación se va transformando, por los años quizás o por el poder, en una pequeña partidocracia donde las decisiones políticas se acumulan en las cimas partidarias y se alejan de las bases ciudadanas, desde donde se deberían nutrir los partidos para mantener su legitimidad.

Eduardo Frei no es un buen candidato, tiene una serie de flancos que son socialmente más sensibles para la ciudadanía que las faltas de Piñera, solo basta recordar que Eduardo Frei terminó su periodo con un 28% de popularidad, la más baja de los gobiernos de la concertación y además el país estaba sumido en una grave crisis económica provocada por la descoordinación que se provocó entre la política monetaria y la política fiscal lo que llevó a que en plena crisis la tasa de interés de referencia fijada por el Banco Central superara el 14%, durante el actual ciclo recesivo de nuestra economía la TPM se mantuvo en un 0,5%. El desempleo, aspecto políticamente muy sensible para la población, se disparó y los créditos se congelaron. Durante la actual candidatura este hecho ha sido muy recordado y quienes se vieron afectados no lo olvidan, e incluso, si nos vamos más lejos, muchos candidatos al congreso de derecha olvidaron el actual escenario económico (Por ejemplo, el candidato derrotado por la UDI en el distrito 17 Pablo Jofré, que usó el indicador IPSA de la Bolsa de Santiago como un indicador macroeconómico).

Las casas COPEVA también son un punto negro de la administración de Eduardo Frei, pese a que fueron un porcentaje pequeño -aunque no menos dramático para esas familias- del total de casas entregadas durante su gobierno (no me voy a olvidar de una vecina de La Cisterna que me dijo una vez "yo votaré por Eduardo Frei porque durante su gobierno yo recibí mi casa") e indudablemente es un aspecto que ha sido explotado.

Para que hablar de los viajes de Eduardo Frei, que trajeron una serie de beneficios, o las concesiones de infraestructura de la ruta 5 sur que mejoraron el aspecto de viajar por la panamericana. Resulta hasta irónico, pero muchos critican estas obras desconociendo los enormes beneficios que han traído para Chile.

Sebastián Piñera, en cambio, tiene errores que son graves pero que son poco sensibles para el ciudadano común. Hacer uso de información privilegiada o el caso del banco de Talca son aspectos que muchas personas ni siquiera entienden.

¿Y cuál es el problema de Frei? Haber crecido desde el interior de los partidos y ser el candidato de la concertación casi a la fuerza. Seguramente los presidentes de los partidos asumieron que las personas valorarían más al proyecto de la concertación y no tanto al candidato, pero lo cierto es que hoy muchas personas votarán por Frei pese a que no sea de su completo agrado únicamente porque representa a la concertación o porque representa lo contrario a la derecha.

Michele Bachelet no salió de una elección primaria pero sí supo capitalizar e imponerse gracias a las encuestas de opinión pública y Ricardos Lagos el año 99 y Eduardo Frei el 93 fueron elegidos a través de elecciones primarias, es decir, fueron las bases ciudadanas quienes eligieron al candidato tras el cual debían cuadrarse. Con Frei eso no sucedió, la primaria no fue a nivel nacional y se realizó en las regiones donde Frei tenía el mejor desempeño electoral, incluso en los resultados de la elección presidencial sucedió así.

En este escenario, José Miguel Insulza, José Antonio Gómez, Soledad Alvear o el mismo Marco Enriquez-Ominami habrían representado candidatos con más potencial electoral y un nivel de rechazo mucho menos, lo que sin duda habría redundado en un mejor desempeño electoral en la primera vuelta y no en el paupérrimo resultado de la concertación.

Que los partidos políticos crezcan y empiezan a configurarse en una partidocracia que opaque la voz ciudadana en los procesos democráticos se puede transformar en un peligro grave que trae consigo una pérdida de legitimidad de los procesos y las instituciones y una estima ciudadana mucho menor. Las personas empiezan a pensar que los partidos políticos -esenciales para la democracia- son prescindibles y se cae en un círculo de ilegitimidad y apatía política por parte de la ciudadanía.

En ese sentido y con miras a profundizar la democracia, es necesario hacer permanentes y obligatorias las primarias al interior de los partidos políticos y no solo en el cargo de presidente de la república, también para Senadores y Diputados. Se evita que los candidatos sea impuestos o que el amigo de tal o cual resulte como candidato. De esta forma los partidos se acercan a las personas y los conflictos políticos son resueltos por las personas. En Uruguay ocurre de esa forma y siempre es un país destacado por la calidad de su democracia. Limitar la reelección en cargos públicos también es un aspecto que se debería reformar, se le da tiraje a la chimenea permitiendo la renovación periódica de rostros en los cargos de elección popular y con ellos se promueve la aparición de nuevos líderes políticos, lo que sumado a las elección primarias generaría que realmente cualquier ciudadano pueda ser electo candidato a través de un partido político.

En una democracia tienen que ser los ciudadanos quienes elijan y su participación es esencial en todos los procesos electorales y políticos. La imposición de candidatos por partidos de los partidos políticos es antidemocrático y alejado de un ideal de profundización y consolidación de nuestra joven democracia.