lunes, 15 de febrero de 2010

Chile, Uruguay y el gabinete

Señor Director:

Los noticieros informan que el presidente electo del Uruguay, señor José Mujica, luego de triunfar en la reciente elección presidencial se reunió con los candidatos derrotados y se establecieron grupos de trabajo con sus oponentes para adoptar políticas de desarrollo para su país tanto en energía, medio ambiente, seguridad y educación.

En Chile, la Concertación reprobó, insultó y censuró a uno de su militantes por entrar a cooperar con el presidente electo, y no ahorra epítetos para vilipendiar a los miembros del nuevo gobierno antes de que se hagan cargo de sus puestos.

A algunos de los nuevos ministros se les critica incluso porque tienen “postgrados en Estados Unidos en universidades como Harvard, en Chicago o en el MIT”, como escribía en el Diario Financiero el señor Francisco López del Pozo el 12 de Febrero. Tal vez, don Francisco hubiese preferido que fueran titulados en Mozambique, Sudan, Angola, o la República Democrática del Congo.

Esto parece consecuencia del “pluralismo y el progresismo” de una visión sectaria, que sigue siendo y parece que seguirá siendo insuperable para los que padecen de ella.

Darío Torrealba (Carta aparecida en el Diario Financiero)
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Si bien la carta refleja algo que nos gustaría ver, en términos de diálogo y debate democrático, da cuenta de dos hechos diferentes. En Uruguay, Pepe Mujica se reúne con distintos sectores de la sociedad, entre ellos empresarios y representantes de otros partidos, para generar un clima de seguridad jurídica, dar a conocer las prioridades del nuevo gobierno y entregar certezas respecto a lo que hará la nueva administración que asume el 1 de marzo. No para generar gobiernos de unidad. Los roles de oficialismo y oposición están claros, a diferencia de Chile, donde creo que Sebastián Piñera tiende a confundirlos.

Muy diferente es lo que pasa en Chile, Sebastián Piñera quiere generar un gobierno de unidad nacional en un contexto en el que políticamente no se necesita. Las instituciones en Chile dan lugar a la existencia de debate de ideas, intercambios de visiones y, en general, la existencia de una oposición fuerte. Los gobiernos de unidad son para momentos políticos conflictivos, no para países con democracias estables y relativamente consolidadas, como el caso de Chile. Hablar de unidad nacional, democracia de los acuerdos o segunda transición resulta anacrónico, pues son conceptos innecesarios en el momento político actual y que es necesario superar.

El gobierno de Uruguay es de izquierda y las prioridades de una gobierno así están completamente clara, no obstante, José Mujica comprende la importancia de otros sectores de la sociedad en la construcción de instituciones sólidas y de una desarrollo sustentable, tanto en lo económico como en lo social. En Chile los presidentes Frei, Lagos y la presidenta Bachelet supieron sintonizar ese mismo sentimiento de progreso pero sin quitar componentes de redistribución y justicia social. Mujica, en Uruguay, no incluirá ministros de la oposición de derecha, pues una cosa es mantener un diálogo fluido con los adversarios políticos y otro, diferente, es buscar incluirlos en un innecesario gobierno de unidad nacional.

Soy una de las personas que cree que la campaña de Sebastián Piñera fue mucho más inteligente, supo interpretar muy bien la condición política del país y el nuevo tejido social que -paradójicamente- la concertación contribuyó a construir. Espero que durante el gobierno se dé una situación similar, hoy ya no somos niños, estamos lo suficientemente maduros como para debatir distintos puntos de vista y eso no pasa por incluir ministros de oposición en el gabinete, para por saber escuchar, negociar... y ceder, para construir entre todos, pero respetando las instituciones democráticas que se han
construido.

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